Locura en los países árabes por el libro infantil y juvenil español: «No damos abasto»

España es el país invitado en la Feria del Libro de los Emiratos Árabes, donde la literatura para los más pequeños ha visto un aumento espectacular

España quiere que los Emiratos Árabes Unidos sean su nueva perla en el terreno de la cultura. Allí, en ese terreno desértico del que borbotean enormes hoteles, estrambóticas piscinas y norias gigantes, allí, donde el lujo golpea desde que se pone el pie en el monumental aeropuerto de Dubái, es donde la diplomacia cultural lleva afanándose ya algunos años para convertir las creaciones españolas en marca estrella y atraer a su vez a un turismo de alto poder adquisitivo. El último esfuerzo, la reciente Feria del Libro que se celebra estos días en la ciudad de Sharjah y donde España es el país invitado de honor, lo que ha provocado un desembarco de editores de infantil y juvenil que se han visto sorprendidos por el interés de los amos del petrodólar.

Como dice a este periódico Luis Zendreras, gerente de la editorial Juventud y presidente de la Organización Española por el Libro Infantil y Juvenil, “llevamos tres días sin parar de hacer negocios. No damos abasto”. España quiere, y parece que por parte de los Emiratos también hay ganas.

La feria de Sharjah se celebra desde 1982 y desde hace algunos años ha puesto su principal interés en la literatura para los más pequeños. Por aquí pasan editoriales de países como Líbano, Siria, Arabia Saudí, Kuwait, Egipto, Irán o Irak. Y es una tendencia que también se da en otros países árabes como Marruecos con la Feria del Libro de Casablanca. Son naciones con una creciente natalidad —al contrario de lo que sucede en España— y tienen un gran público, cada vez más alfabetizado, para este tipo de libros. “Sí, la demanda es altísima. Hace 20 años, costaba mucho vender derechos, pero ha cambiado totalmente. También porque la calidad de la literatura infantil y juvenil de los autores e ilustradores es muy alta”, sostiene Zendreras. Por allí también se encuentra Javier Olibrea, de la Universidad de Navarra, que señala que el libro infantil además cuenta con virtud y es que, al ser tan visual, “es más fácil de intentar vender en una feria donde la gente viene a comprar y vender derechos”.

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